Pan y bicis
Pan
El otro día salíamos con prisa las niñas y yo hacia la parada de autobús. Se iban al colegio. Al llegar a la calle, la pequeña me dijo que quería pan. Casi enfrente de casa hay una panadería, así que, a pesar de las prisas, cruzamos adrede y entramos. La panadera estaba preparando bandejas con pasteles para un señor y una señora y su hijo estaban esperando. Oí como el niño, mientras señalaba la nevera, le decía a su madre que también quería zumo. “Sí. Sí. Cuando nos toque” – le contestó ella.
La panadera nos conoce perfectamente. Con mucha frecuencia pasamos por allí por las mañanas y compramos un panecillo. 30 céntimos. Como teníamos prisa, mientras colocaba 30 céntimos en la repisa, le dije a la panadera si podía darme un panecillo de los de siempre sin bolsa ni nada. Era la primera vez que yo hacía algo parecido. Ella tenía los panecillos justo al lado. La operación que yo pedía podía llevarle, sin exagerar, dos segundos. Pero a la panadera no le dio tiempo a reaccionar. La señora que, efectivamente, iba antes que yo me dijo en tono airado que para eso estábamos todos, para comprar el almuerzo para el colegio, y que yo tenía que esperar. Yo le dije que no se preocupara. Que me iba. Cerré la mano sobre las monedas que aún no había liberado totalmente y las niñas y yo salimos sin el pan. Afortunadamente, mi hija pequeña no protestó. Imagino que percibió que algo había ocurrido y se resignó a no comer pan de camino al autobús. Mi hija mayor hizo que le explicara lo ocurrido varias veces. Yo le decía que efectivamente colarse no estaba bien, pero que lo que yo había hecho, aunque estrictamente hablando puede ser considerado así, desde mi punto de vista representaba tan poco (poquísimo) perjuicio para los demás y tanto beneficio para nosotras, que yo opinaba que el hecho de criticar mi acción era una reacción totalmente desproporcionada e injusta.
Como os podéis imaginar soy la típica persona que no se cuela nunca (casi nunca, si incluimos lo del otro día) y que me traten como si yo fuese de ese tipo de personas no me hace ninguna gracia. Mi hija me conoce y espero haber sido capaz de convencerla de que incluso en esa ocasión yo no había obrado mal.
Cuando dejé a las niñas en el autobús el incidente seguía dando vueltas en mi cabeza. Llegué a casa, cogí la bici, bajé a la calle y la nube negra seguía ocupando todo mi cerebro. Cuando empecé a circular decidí que no quería que ese estúpido acontecimiento me estropeara el trayecto, así que comencé a intentar librarme del nubarrón. Me esforzaba por encontrar un pensamiento positivo totalmente ajeno a aquella historia y centrarme en él. Lo conseguía parcialmente, volvía la nube, volvía a empujarla hacia el exterior, recuperaba el pensamiento positivo, sonreía, se asomaba la nube, yo le cerraba la puerta con fuerza, me agarraba al pensamiento positivo, pedaleaba, pedaleaba más rápido… Y al final gané. La nube se quedó atrás en el camino.
Una vez en el trabajo recibí una llamada de mi padre. Me dijo que había ido a comprar pan y que la panadera le había contado lo que había ocurrido y le había regalado un panecillo para mí pidiéndole que me lo entregara. Bueno. Me alegro. Aún no he vuelto a verla. Le daré las gracias cuando lo haga.
Bicis
Por un cúmulo de circunstancias ayer no cogí la bici para ir a trabajar. A la ida fui en coche con mi marido y a la vuelta regresé caminando y aproveché para comprar el regalo de cumpleaños de mi hija pequeña en una tienda de juguetes didácticos que me gusta, pero que me pilla un poco lejos de casa (por el centro). Al salir de la juguetería me encontré con una manifestación de bicicletas y fui paseando junto a ellas un buen rato. Las bicis circulaban por la carretera ocupando todos los carriles y yo iba por una de las aceras. Periódicamente gritaban estas frases:
“Carril bici YA por toda la ciudad”
“Con la bicicleta cuidamos del planeta”
“No contamina ni gasta gasolina”
Había muchas bicis. Yo diría que varios centenares. Muchos ciclistas iban vestidos de forma estrafalaria. Otros iban disfrazados. Y muchos eran muy jóvenes. No me sentí muy identificada con ellos. No sé. Aunque me resultaban simpáticos. Fui sonriendo a su lado. Es posible que con este tipo de iniciativas se consiga que el Ayuntamiento invierta más dinero en ampliar la red de carril bici y en mantener la existente. No hace mucho tiempo llamé al teléfono de atención al ciudadano para informar del mal estado del carril bici en un determinado tramo por el que yo circulo. Los baches en esa zona son un auténtico peligro, especialmente cuando no hay mucha luz. Se tomaron nota de mi comentario y me pidieron el número de teléfono. Cuando colgué pensé que esa llamada era lo mínimo que yo podía hacer, aunque probablemente no serviría para nada, y que quizá si todos los usuarios hiciéramos algo parecido las cosas tardarían menos tiempo en arreglarse. Pero es muy posible que una llamativa manifestación sea algo mucho más efectivo. ¡Ojalá!
Un beso.
Saporima.
dicybug dijo:
Noviembre 7, 2009 a 8:02 pm
Hola sapo,
estoy hasta los mismísimos de los ciclistas. No sé en qué momento los peatones hemos renunciado a nuestros derechos y hemos aceptado como normal que esta gentuza circule por las aceras como si fuera lo más normal del mundo. Estoy harto. Si no tienen carril-bici, que se jodan y que circulen por donde les toca, que es por donde van los vehículos: por la carretera. Ahora mismo en Valencia no se puede ir tranquilamente por la acera con niños pequeños porque en cualquier momento puede aparecer uno de estos caraduras que pone en peligro nuestra integridad para no arriesgar la suya. No me causan la más mínima simpatía.
Puri dijo:
Noviembre 7, 2009 a 10:13 pm
¡¡HOLA SAPORIMA!!
1.- Colarse, efectivamente, no está bien. En ningún contexto y bajo ninguna circunstancia. Sé que no actuaste de ese modo con mala fe y que en ningún momento pretendiste saltarte tu turno por la cara, pero a esas horas de la mañana, ¿quién no lleva prisa? ¡Colarse no está bien
!
2.- Estoy de acuerdo con Dicybug. No se va seguro por las aceras por culpa de estos ciclistas. Que reclamen el carril bici de otra forma, porque los peatones tenemos derecho a poder ir por donde nos corresponde.
PD: ¡¡No te tomes mis palabras como críticas, sino como comentarios sinceros de quien te aprecia
!!
BESAZOSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSSS,
dicybug dijo:
Noviembre 8, 2009 a 12:53 am
Hola sapo,
respecto del tema del pan…
¿Cuánta gente entra en la panadería y aunque haya cola preguntan “¿Te queda pan? Es por esperarme y hacer la cola o no?” O le preguntan “¿Está lista mi tarta? De acuerdo, luego me paso” Estrictamente hablando “se cuelan” al hacer la pregunta. Están retrasando la compra de los que están en cola.
¿Cuánta gente en el supermercado se acerca a la cajera y sin esperar su turno en la cola le piden cambio en monedas al cajero/a para el carro? ¿Por qué se cuelan y no esperan su turno? ¿Alguien les dice algo?
Lo más probable es que esa señora sea una estúpida, que puntualmente estuviese de mala leche por algo, o que ella también estuviese nerviosa por tener prisa y ser su compra algo de pocos segundos. Pero en una situación así lo normal es no decir nada si la venta se resuelve en 5 segundos. Pasado ese plazo puede ser momento de abrir la boca.
Si a mí me pasase algo parecido estaría varios días dándole vueltas, seguro.
ariovisto dijo:
Noviembre 8, 2009 a 9:46 am
Siempre es mejor que tener que pegarte a la puerta del estanco porque, cuando vas a salir, te viene un Toyota Subaru a 190 km/h.
La gente vieja anda con el eterno dilema de envidiar de una manera sana o insana a los jóvenes, Unos admiran a las madres jóvenes que saben sacar adelante a su familia, a otras les revienta. Nunca lo entenderé.
Buenos días.
Puri dijo:
Noviembre 8, 2009 a 10:55 pm
BESAZOS,